No recuerdo el momento exacto en que comenzaron las preguntas.
Quizá porque nunca hubo una primera.
Sólo sé que durante muchos años fui reuniendo experiencias que no terminaban de encajar con las respuestas que encontraba.
No buscaba crear un método.
Ni una teoría.
Mucho menos una nueva manera de explicar la vida.
Buscaba comprender algo aparentemente más sencillo: por qué, aún teniendo respuestas, seguía sintiendo que faltaba algo esencial.
Durante mucho tiempo miré hacia delante.
Hasta que comprendí que quizá aquello que buscaba no estaba delante de mí.
Estaba debajo.
Debajo de las ideas.
Debajo de las creencias.
Debajo de los hábitos.
Debajo incluso de la imagen que había ido construyendo sobre mí mismo.
Y al ir retirando capas no apareció alguien nuevo.
Apareció algo mucho más familiar.
Aquello que ya estaba.
Ese camino de reconocimiento fue tomando forma poco a poco. Primero como experiencia. Después como una manera de comprender lo vivido. Y finalmente necesitó una palabra con la que poder nombrarlo.
ENTUMERAKIA.
No nació como una teoría.
Nació de una experiencia.
Y continúa siendo experiencia cada día.
Por eso ENTUMERAKIA no pretende decirte cómo debes vivir.
Ni siquiera pretende llevarte a ningún lugar.
Quizá sólo pueda hacer algo mucho más sencillo:
recordarte que hay una puerta.
Y que siempre estuvo de tu lado.
Cruzarla, si quieres, sólo puede depender de ti.